jueves, 2 de diciembre de 2010

Tanta gente, tantas historias.

Tanto tiempo sin escribir, lo se... pero es que con todo este ajetreo a ver quien sacaba un ratito! aprovecho ahora en Polonia que Elia tiene que ausentarse...pero bueno, empecemos por el principio, lo de Polonia ya llegará...

El principio atañe a la misma persona, a esa visita de Elia a Milán el domingo y lunes 21-22 de noviembre. Espero que lo pasara bien, pese al hecho (advertido, por cierto) de que venía malos días y no iba a poder llevarla de fiesta...

Domingo 21: nos dedicamos a vagabundear por las tiendas (Elia ya había visitado Milán cuando vinimos el febrero pasado, con lo cual pudimos aprovechar el día lluvioso en cosas más prácticas) y tras el intento fallido de irnos a Brescia de fiesta (mi culpa, lo se) pasamos la velada con unos vinitos y mi gente en la resi.

Lunes 22: (bien prontito gracias a Katia) nos levantamos y fuimos a visitar...adivinadlo...sí, mi ciudad comodín, aquella a donde llevo a toooodo el mundo que viene a verme...Como... pero me enamora tanto pasear por sus calles, ver sus tiendas, navegar por sus aguas y perderme en sus pueblecitos vecinos... que nunca me parece justo privar a nadie de ello.

A la noche, como sustituo de la discoteca, unas cervecitas en Le Colonne para calmar sus ansias de fiesta (algo así como la metadona para los yonkis, jaja) y prontito a dormir que al dia siguiente me llegaba la visita más importante de todas!

Día siguiente (léase martes 23): De nuevo a levantarnos temprano (¿los erasmus duermen hasta las 12 dicen? ¿qué erasmus?), a llevar a Elia a una estación para coger el tren que la llevaría a Brescia a visitar a Sergio y a otra estación a esperar a la mamá!

Después de los abrazos y de decirle lo guapa que está (y NO es porque sea mi madre, esque estaba guapa, guapa!) fuimos hacia el hotel, donde, para ser sincera, nos quisimos morir. Tras el disgusto incial comimos en la Bella Colombina (que nunca nos falla en nuestras visitas a Milano) y con la cabeza más fría decidimos inventarnos una bola (que, por supuesto, no coló aunque dio el rsultado esperado) y cambiamos de hotel, al ver el cual por fin pudimos respirar tranquilas. Mientras la dejé descansando un ratito, marché a curso de italiano, y luego la recogí y fuimos a Navigli, barrio de bares de aperitivo

--> INCISO: el aperitivo es muy típico en Milán y sustituye a la cena, consiste en una happy hour (entre las 6 y las 10, depende del bar) en la que pides un cóctel o cerveza que vale entre 8 y 10 € (también depende del bar) y tienes un buffet libre en el que puedes comer cuanto quieras (la calidad del mismo, una vez más, es subjetiva) <--

Y despúes de tomar algo nos dirigimos, a un ritmo que mi pobre madre consideró excesivo y del que yo he llegado a no darme ni cuenta, a la estación a recoger a mi tía y mi prima.

Una vez reunidas las integrantes del viaje, fuimos rumbo al hotel, porque ellas llevaban maletas y porque las horas que eran, sumado a la matanza general a la que habían sido sometidas todas durante el día, no daba opción a nada más.

Miércoles 24: Ruta turística por Milano! El Duomo (y sus tiendas), La Galleria (y sus tiendas), La Scala (y sus tiendas) ... ah y fuimos de tiendas, también. ¿Para destacar del día? El restaurante en el que comimos, recomendado por una milanesa, fue de las mejores cosas del viaje...y las ganas que tenía yo de comer en un restaurante "de mantel"!!

Por la tarde fuimos a visitar La Última Cena, que resultó espectacular, incluyendo mi trifulca con la vigilante por osar a respirar sin que ella me diera permiso.

Después, visita al Castello Sforzesco y rumbo al Shu a cenar (mi pub favorito para la Happy Hour). Tras eso, las había dejado en un nivel de extenuación tal que tuvimos que pedir un taxi para volver al hotel.

Jueves 25: Por supuesto, Como. Por supuesto, navegación por el lago. Por supuesto, comida en Torno (aunque para solo tener 2 restaurantes, reconozco que cada vez que voy como en uno mejor, jaja). ¿Lo más destacable y divertido del día? ese momento frente a un escaparate: "Ay que mono", "uy has vist el preu?", "quant de temps tenim antes de tindre que anar al tren?" "15 minuts". "Totes cap a dins, YA!", conversación seguida de un nivel de arrase de la tienda digno del Grand Prix. Tras ello, de nuevo corriendo, consabida foto en las manos y llegada al tren por los pelos (para variar, también).

De nuevo las dejé descansando un mini-rato mientras yo asistía a una interesantíiiisima clase que derivó en una explicación sobre las diferentes aplicaciones de la palabra CAZZO (palabrota en italiano, que cada cual se busque la vida y averigüe el siginificado). Tras eso, me reuní con ellas, de nuevo en una orgía de compras (luego nos extraña tener que poneros 6 chaquetas encima para poder subir al avión), cenamos una piadina y las llevé al Ciocolat Italiano, para probar el verdadero helado italiano. Fue allí donde nos dimos cuenta que no hacía falta haber cenado la piadina. Me acompañaron a la resi y volvieron a su hotel.

Viernes 26: Día de despedidas. Me desperté a las 8 de la mañana con la ilusión de mi vida: veía nevar en Milano. Luego resultó solo ser aguanieve, de hecho no cuajó ni un poco, pero la alegría, y las fotos, nos la llevamos todos. Vinieron a buscarme y dimos una vuelta, comiendo otra vez en el restaurante del martes (mejor ir a lo seguro, y éste era genial). Volviendo a por las maletas, estuvimos un rato entretenidas viendo la grabación de un spot publicitario de un hotel (prometo buscarlo dentro de un tiempo en youtube). Tras esto, vino la nota triste del viaje: el robo de mi iPhone en el metro, con la consiguiente pérdida de cualquier documento gráfico de su viaje, y mi consiguiente malhumor al despedirme de ellas, cosa que lamento bastante, la verdad.

Pero bueno, todo sirve para aprender, o eso dicen. Ahora con mi nuevo teléfono (un sucedáneo de Blackberry de la marca Alcatel, color pitufo, muy malo y muy gracioso) prometo tener más cuidado.

Por la noche, cenita con mis españolitos a lo grande, con embutido de verdad y sangría incluidos.

Y el sábado, al levantarme, vi una propuesta en Facebook de un miniviaje a Brescia, cosa que nos lleva a una nueva historia, de la que omitiré detalles porque sino se me hace un post enormemente largo (no se cuánto llevaré ya, ni quien tendrá valor de leerlo)... resumiré:

Saábado 27/Domingo 28: Quedada con Luis y su amigo Héctor (alias Fetelets) y rumbo a Brescia (corriendo por llegar tarde al tren, claro). Llegada, e ida con Sergio a su resi. Cervecita, cena y cervecita. Discoteca y cervecita. Dormir, comida y cervecita (empiezo a estar un poco harta de la cervecita, creo) y a las 18.30, rumbo a Milano a recuperar la rutina aunque sólo sea un poco.

Lunes 29: Clásico, con su vergüenza añadida, y no diré nada más.

Martes 30: Día de hacer maletas y redada policial alrededor de Santa Sofia (para quien no lo sepa, los estudiantes de toda italia se están manifestando por la pérdida de sus becas de estudio, si alguien tiene especial interés en el tema le cuento más en profundidad).

Miércoles 1: Vuelo a las 8.40 de la mañana rumbo a Gdansk, donde no hace casi frío, visita exprés a Gdansk y a Sopot ya correr para no perder el bus (os dije que ya estaba acostumbrada) rumbo a Olsztyn. Cenita y visita a un par de pubs, y retirada prontito a dormir.

Jueves 2: Dulce despertar a las 8 de la mañana con unos obreros polacos picando la puerta de la habitación de Elia, los motivos aún se desconocen, estudiaremos el caso.


Y ahora aquí estoy, en pijama y a unos -13ºC en la calle, viendo nevar como si no hubiera mañana y haciendo recapitulación de mi caótica vida estas últimas semanas y disfrutando mi visita a Polonia, que termina el domingo por la mañana. Prometo informar de los detalles. Y las fotos, en el facebook.

Baci a tutti!!!


Blanca.